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Encontrando a Dios en medio de la basura

Addis Ababa, capital de Etiopía, tiene un montón de basura apilada donde un grupo de niños y jóvenes viven; los locales los han etiquetado como "monstruos". Mis amigos y yo, del centro de JUCUM en Herrnhut, Alemania, notamos por primera vez este grupo de niños y jóvenes hurgoneando en la basura cuando regresábamos de una cruzada.

Volvimos unos meses después con la próxima Escuela de Discipulado y Entrenamiento (EDE) y encontramos mucho más de lo que esperábamos. Los locales nos informaron que este grupo era una pandilla violenta, cuyos miembros eran adictos al alcohol y las drogas. Muchos nos advirtieron de no ir a este lugar peligroso, incluso alguien nos dijo: "¡Esas personas son monstruos, están cubiertos de tatuajes, duermen en la inmundicia, comen basura, beben veneno y no mueren!"

La verdad fue desgarradora: nuestro equipo encontró 25 niños y jóvenes simplemente luchando por sobrevivir. Al principio, no fue fácil ganar su confianza. Nos enteramos de que mucha gente había estado aquí antes que nosotros, tomaron fotos y se comprometieron a ayudar, pero nunca regresaron. Eso era lo que los "niños de la basura" esperaban de nosotros. A medida que charlábamos, celebrábamos y reíamos con ellos, su confianza por nosotros fue creciendo. Eventualmente, nos invitaron a comer con ellos.

Sabíamos dónde conseguían su comida: la basura. Aun así, estábamos decididos a cenar con ellos. Comimos pollo, o más bien, huesos roídos de pollo en donde podías encontrar una pequeña cantidad de carne; la misma comida se le echó a los perros y cerdos. Tomamos té negro hecho con agua sacada de los charcos y azúcar provista en paquetitos de aerolíneas. Los reportes que habíamos escuchado eran erróneos: en lugar de violencia, había amistad; en lugar de drogas, encontramos una comunidad fuerte. Los chicos se habían adoptado unos a otros como una familia sustituta.

Cuando le preguntamos a Brahano, de 23 años de edad, auto-nombrado como "padre" del grupo, qué podíamos hacer para ayudar, su respuesta nos sorprendió: él quería a alguien que les enseñara la Biblia.

Nos dijo que en la comunidad hubo un hombre llamado Mike. Cuando Mike tenía seis años, sus padres murieron y él se trasladó al vertedero para poder sobrevivir. Asistía a la escuela ocasionalmente, aprendiendo a leer y a escribir en inglés. Después de encontrar una foto de Jesús y una Biblia entre la basura, Mike dedicó su vida a Jesucristo. Fue el primer cristiano en el vertedero, pero el mensaje de Jesús era aceptado cada vez más en el grupo.

"Cada día que tenemos algo para comer, lo compartimos con los demás", dijo Brahano. "Si no tenemos nada, entonces damos gracias a Dios y nos vamos a dormir".

Después de la cena, hicimos una fiesta de alabanza en medio del basurero. Teníamos guitarras y algunos tambores hechos a mano con latas y botellas. El terrible olor de la basura y los fuegos permanentes parecían evaporarse a medida que bailábamos y reíamos.

Mientras la noche se hacía más fría, algunas sandalias rotas eran echadas al fuego. Tratamos de calentarnos sin respirar el humo tóxico de la masiva nube negra. Algunas de las chicas nos contaron sus historias. Muchas de ellas viven con familias que no tienen suficiente dinero para alimentarlas. Ellas trabajan extraoficialmente para el gobierno, recolectando basura por 30 centavos de dólar al día.

Pasamos la noche con ellos. Nos acostamos sobre una manta y nos dijeron que estábamos a salvo; sólo nos preguntábamos que habrían querido decirnos con eso. Hacía frío, toda la noche sin poder dormir y en la mañana, nos levantamos cubiertos por dolorosas picaduras de pulgas. Esta pesadilla la vivimos una sola vez, los niños y jóvenes experimentan esta amarga realidad todos los días.

Después de un desayuno que incluyó más té y sobras del hotel, nuestro equipo dirigió un estudio bíblico. Hablamos del amor de Dios y uno de los jóvenes preguntó: "¿Cómo funciona esto de que amemos a Dios?-¿Cómo se demuestra eso?" Conversamos sobre amar a otras personas antes de orar juntos. Algunos miembros de nuestro equipo hablaron sobre su relación con Jesús.

Desde febrero de 2009, los equipos de JUCUM han estado entrando y saliendo del vertedero. Mucho ha sucedido. La confianza ha crecido, pero las circunstancias son difíciles. Una pandilla le prendió fuego al pasillo donde los niños dormían y le informaron a la policía que éstos estaban planeando un ataque. Como resultado, algunos de los chicos fueron arrestados, aunque todos han sido liberados.

Pasamos muchas horas conversando con Brahano y con algunos cristianos locales para ver la forma de trabajar sobre un plan. Esperamos poder continuar enseñando la Biblia y dar clases de inglés. Hemos alquilado una casa en el otro extremo de la ciudad donde las niñas pueden venir a usar las duchas, comer y trabajar en proyectos de costura para ganar dinero. Un equipo ya se ha trasladado a Addis Ababa con la intención de ayudar a este grupo.

Aunque la sociedad que los rodea los consideran tan repugnantes como la basura en la que viven, sabemos que estos niños y jóvenes son cuidados por Dios. Queremos ofrecerles una esperanza y un futuro.

Para obtener más información y cómo usted puede ayudar, por favor visite: http://bit.ly/b8sfck

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