Reporte de la Reunión del GLF 2011
El primer día del encuentro del Foro de Liderazgo Global 2011 de JUCUM comenzó con el poder del sonido de sierras y martillos. Los líderes regionales y coordinadores internacionales cargaban hojas de madera y rodillos en latas de pintura. Los 47 asistentes, que vinieron de países tan lejos como Zambia, Corea del Sur e India, dedicaron el primer día a la construcción de tres casas para los pobres en Tijuana, México.
La noche antes, en la cena de apertura, Sean Lambert, líder de YWAM Homes de Hope Ministry, explicó cómo mensualmente 3,800 personas vienen a esta ciudad fronteriza en busca de trabajo. Muchos de ellos luchan para sobrevivir al frío y lluvioso invierno en chozas hechas con paletas de madera y pedazos de estaño. En 21 años, el programa de YWAM´s Homes of Hope ha construido 3,500 casas para personas como éstas.
En uno de los sitios de construcción, Alma, tímidamente contuvo a su bebé de un año mientras miraba con emoción a los JUCUMeros vestidos con camisetas amarillas que se apresuraban para construir su nueva casa. “Estoy esperando tener un lugar seguro para mis hijos” dijo ella. “Este será mi futuro”.
¿Por qué los principales líderes de JUCUM pasarían un día entero, de los seis días de su reunión anual, para martillar clavos juntos? Steve Goode, embajador de los ministerios de misericordia de JUCUM, paró por un momento, con martillo en mano, para responder a esta pregunta: “Algunas veces es fácil abrumarte por la pobreza, a menos que hagas una sola cosa. Porque cuando haces una cosa juntos, te garantizo que todos lo que hagan esta sola cosa, van a hacer otra cosa también. Esto es multiplicación”.
Al final del día, mientras el sol se ponía sobre las colinas, Alma se secaba una lágrima de la mejilla al recibir las llaves de su nuevo hogar. La pintura aún estaba húmeda sobre la franja roja alrededor de la puerta de entrada, mientras ella ingresaba. Ella descubrió que había una mesa para cuatro personas, una cocina nueva y una cama con un peluche para Ángel, su hijo de cuatro años.
Para Alma y su familia, Edwin Filles, de Sudáfrica, dijo: “Creo que la bendición para mí fue trabajar juntos. Lo que realmente me tocó fue como te involucraste y creo que lo más especial fue compartir una comida contigo. ¡Muchas gracias!”
Mientras que el autobús de JUCUM llevaba a los cansados líderes arriba de la colina, pasaron por el lado de dos casas más que en la mañana solo eran bloques de cemento.
